lunes, 4 de junio de 2012

DEMOCRACIA Y TECNOCRACIA

EDITORIAL

LUNES 6 DE SPETIEMBRE DE 1982

YO PUEDO DECIR…

DEMOCRACIA Y TECNOCRACIA

Por: Francisco Flores Aguirre

Es relativamente fácil formular generalizaciones. Podemos encontrar uno, o dos, o muchos casos para apoyar nuestras afirmaciones, pero esto no quiere decir naca acerca de que “todas las cosas”, afirmación generalizadora, sean buenas o sean malas. La observación de un millón de cuervos negros no verificaría contundentemente la hipótesis de que todos los cuervos son negros, mientas que un solo cuervo no negro la falsaría de forma concluyente.

Así pues, según Popper, la finalidad de la observación y el experimento no es amontonar evidencia positiva, sino descubrir evidencia en contra de una hipótesis, si es que existe. La idea de Popper es que el valor de una hipótesis reside en el hecho de no haber sido refutada cuando se han dado todas las oportunidades posibles para la refutación.

El afirmar que se ha atentado y amenazado “en contra de la libertad de todos los mexicanos” es un punto de vista y hay que demostrarlo con evidencias positivas que establezcan la verdad de su hipótesis.

Siempre hemos descartado los métodos arbitrarios o dictatoriales de solucionar los problemas colectivos, sólo quedan, según Mosterín, dos maneras justas racionales y civilizadas de enfocar y solucionar dichos problemas; la democracia y la tecnocracia.-

Los dos son absolutamente indispensables para solucionar nuestros problemas más importantes y sólo la ignorancia, la mala fe, el egoísmo, la perversión intelectual, la confusión conceptual y la demagogia irresponsable de ambos bandos, pueden inducirnos a creer que una de ellas basta para la solución a los agudos problemas de la época actual.

Transcribo textualmente este documento de Mosterín para el análisis de estos dos conceptos:

“La manera democrática de administrar un asunto o de solucionar un problema colectivo consiste en tener en cuenta sobre todos los deseos y preferencias de la gente, en último término, y hacer lo que la mayoría de la gente quiera. La manera tecnocrática de administrar un asunto o de solucionar un problema colectivo consiste en tener en cuenta sobre todos los intereses de la gente, estimados por los expertos o entendidos en el tema de que se trate; en último término, en hacer lo que conviene a la gente.

Hay ámbitos de la vida en que la superioridad del enfoque democrático es tan evidente, que prácticamente nadie la pone en duda. Por ejemplo, a la hora de elegir representantes parlamentarios o autoridades políticas, sólo la democracia conduce en este campo a abusos de poder claramente contraproducentes para los intereses de la mayoría. A la hora de fijar los precios de los productos, también parece que el método democrático (en este caso, el mercado) es muy superior al resto de los métodos conocidos. Los intentos de fijar tecnocráticamente los precios suelen conducir a graves distorsiones, despilfarros e ineficacias en la producción o distribución de los productos y, en definitiva, los intereses de la mayoría suelen salir perjudicados.

Hay otros ámbitos de la vida en que la superioridad del enfoque tecnocrático está igualmente claro. Por ejemplo, en lo que respecta a la salud. A nadie se le ocurriría someter a votación entre los propios enfermos el diagnóstico y la terapia adecuada para su enfermedad. Ellos son los primeros interesados en dejar el temr en manos de los expertos, en este caso los médicos. Los problemas médicos sólo pueden resolverse razonablemente de un modo tecnocrático. Lo mismo ocurre con los problemas científicos. Aquí son sólo los expertos –los miembros de la comunidad científica pertinente- los que tienen algo que decir. A los que no somos médicos ni geólogos nos conviene dejar en manos de los médicos y los geólogos la administración y solución de los problemas sanitarios y geológicos que nos afectan. Es lo mejor que podemos hacer para defender nuestros intereses. Tratar de introducir aquí la democracia sería contraproducente y perjudicial para nuestros propios intereses.

Hay otros casos, finalmente, donde las cosas no están tan claras. Por ejemplo, en el campo de la empresa o en el de la enseñanza. ¿Hasta qué punto hay que enseñar a los alumnos lo que ellos quieran, o lo que sus padres quieran, o lo que los expertos consideren más adecuados? En fin, no es este el lugar para analizar ninguno de los problemas indicados. Sólo interesa resaltar que los intereses no siempre coinciden con los deseos y, por tanto, que el tratamiento óptimo (el democrático) de los asuntos en función de los deseos de los afectados no siempre coinciden con el tratamiento óptimo (el tecnocrático) en función de los intereses de los afectados. En sus mejores momentos y cuando no están cegados por el tratamiento doctrinario de las cuestiones, los sistemas políticos liberales tienden a ser más democráticos, y los socialistas, más tecnocráticos. Pero evidentemente ambos enfoques son necesarios. Uno de los problemas de la ciencia política estriba en delimitar los campos donde uno u otro enfoque ofrecen mejores ventajas. En cualquier caso, cuanto más complejo es un problema, tanto más adecuado suele ser su tratamiento tecnocrático. Pero si afecta a todos, no requiere conocimientos especiales o se presta al abuso de poder, parece preferible inclinarse por soluciones democráticas. …Evidentemente, cuanto más racional e informada es la gente, tanto más tienden a coincidir las soluciones democráticas y las tecnocráticas.. Pero muchos de los problemas globales actuales exigen soluciones tecnocráticas drásticas y urgentes, si es que queremos salvaguardar los intereses humanos más elementales.

Terminamos afirmando junto con Nietzche:

Cada pastor necesita un carnero que sirva de guía al rebaño, si no lo tiene, le tocará a él hacer de carnero cuando llegue la ocasión.



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